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Empezó albergando la Banca Rosés. Luego fue la sede del Banco Condal, considerado como el brazo financiero de José María de Porcioles, alcalde franquista de Barcelona. Después vivió el terremoto del holding Rumasa, de Ruiz Mateos. Estuvo muchos años cerrado hasta que, quizá purgando su pasado financiero de ribetes autoritarios, pasó a ser sede al Memorial Democrático para la recuperación de la memoria histórica en Cataluña. El mal estado del edificio aconsejaba reformas en profundidad que no se acometieron. Ahora, vacío, la Generalitat lo ha vendido.

El departamento que pilota Boi Ruiz —ese consejero campechano que recomienda a sus conciudadanos apuntarse a una mutua privada— ha decidido unificar en las comarcas leridanas a un 80% de centros gestionados por el Instituto Catalán de la Salud y a otro 20% por otra empresa pública, Gestión de Servicios Sanitarios.

Petición a Comisión EuropeaPor ello, solicitan a la Comisión Europea la paralización de la normativa en materia de seguridad que se lleva elaborando desde el pasado mes de octubre. La razón es que este anteproyecto, consultado por los agentes sociales, pretende acabar con las políticas de prevención ya que son un gasto para las empresas, y no una inversión.

El edificio en cuestión, situado en Via Laietana 69 y remodelado en su actual apariencia en 1971, ha tenido una existencia tan agitada como su último inquilino, el Memorial Democrático. Esta institución va a conocer su tercera sede en cuatro años de gobiernos de CiU. El Memorial, quizás en forzada solidaridad con el pasado, vive un peregrinaje muy similar al del exilio republicano.

Esa selectividad gobierna sobre todos los ámbitos políticos: ya sea la memoria histórica o los servicios públicos. Siempre se aplica según el mecanismo retóricamente prescrito. Nada es lo que parece. No peligra el Memorial Democrático aunque esté bajo mínimos. Tampoco hay que temer por el sistema público de Salud, aunque el Gobierno no dé explicaciones de cuál es el objetivo de la reestructuración sanitaria que está comenzado a aplicar.

En menos de seis meses he tenido la oportunidad de asistir a la visita de dos presidentes latinoamericanos a Madrid. El primero, el colombiano Juan Manuel Santos, que vino el pasado 22 de enero a un “evento cultural” con la “comunidad colombiana residente en España”; y el segundo, el ecuatoriano Rafael Correa que aprovechó su viaje a Barcelona para recibir un doctorado honoris causa, para venir a la capital, hoy 24 de abril, a hablar de “crisis y futuro”.

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